España mantiene una brecha relevante en sus niveles de consumo respecto al conjunto de la Unión Europea, según datos de Eurostat. Pese a los buenos niveles de crecimiento económico que registra nuestro país, cada español consume un 8% menos que la media comunitaria, una vez descontado el efecto de la inflación. Este patrón refleja una realidad estructural marcada por la cautela financiera y la pérdida de poder adquisitivo acumulado para los consumidores.
Si se mira el gasto en euros en paridad de poder adquisitivo —homogeneizadas las cifras según la inflación de cada país—, el consumo real per cápita en España fue el año pasado de 25.200 euros. Esta cifra es 2.000 euros inferior a la media de la UE. Una distancia que plantea interrogantes sobre la fortaleza del consumo interno en nuestro país y su papel en la consolidación del crecimiento económico.
Las familias españolas están entre las que gastan menos que la media de la UE, junto con Italia, Polonia, Portugal o Grecia. Por otro lado, Luxemburgo (+45% por encima de la media), Noruega (+28%), Alemania (+20%) y Países Bajos (+19%) son los que más consumen.
El consumo real per cápita es un indicador que refleja el bienestar material de los hogares con mayor precisión que el PIB o la renta disponible. El motivo es que es menos sensible a desviaciones coyunturales entre producción, ingresos de las familias y ahorro. Entre las partidas que analiza, alojamiento, alimentación, ropa, transporte o suministros.
Según datos recientes, el consumo real de los hogares españoles ha crecido a un 0,8% anual desde el año 2019. Una caída frente a los avances del 2,3% que se produjeron, en promedio, desde 2013 y hasta la llegada de la pandemia.
Esta evolución negativa tiene su explicación por la ola inflacionista de 2022, año de la invasión rusa en Ucrania. Entonces, la tasa de inflación de la eurozona se situó en el 10,6%, marcando un récord histórico. Como resultado, los hogares con menores ingresos tuvieron que destinar una mayor proporción de su gasto a bienes básicos.
Además, los elementos que determinan el consumo desde la pandemia son diferentes a los de épocas anteriores. Mientras en los años de recuperación posteriores a la crisis financiera fue el aumento de la renta lo que impulsó el consumo, tras el Covid lo han sido las transferencias del sector público: prestaciones o ayudas. Se trata de un cambio de patrón que han vivido la mayoría de los países de la UE. Respecto a los últimos 20 años, el gasto de los españoles ha crecido un 62,5% frente al 83,3% de la media europea.
Desde ADICAE, consideramos que esta brecha de consumo evidencia la pérdida de poder adquisitivo y el impacto persistente de la inflación en las economías domésticas. En este sentido, consideramos importante que el crecimiento económico que registra nuestro país se redistribuya entre todos los agentes económicos y permita garantizar que los hogares mantienen su capacidad de gasto.


