Los planes de pensiones individuales en España siguen perdiendo atractivo. Y esto es así por dos motivos principales: rentabilidades insuficientes (ya que parte de la misma se dedica a las comisiones tanto de gestora como de depositaria) y una fiscalidad poco favorable, especialmente en el momento del rescate.
Gran parte de la caída en la contratación de este producto financiero ha sido la de la reducción del límite de aportación con derecho a deducción fiscal. Hasta 2020 se podían desgravar aportaciones de hasta 8.000 euros anuales, pero el límite se redujo progresivamente hasta los 1.500 euros actuales. La consecuencia es una caída constante de las aportaciones, ya que debilita el mayor atractivo que tenía este producto.
Pero no podemos achacar a esta limitación como la única causa de la poca contratación de este producto. La baja rentabilidad histórica de muchos planes de pensiones españoles también ha sido clave: así, durante los últimos 15 años según algunos estudios esta ha sido del 2,91%, por debajo de los bonos del Estado español, el Ibex 35, el EuroStoxx 50 y muy lejos del S&P 500.
En cuanto a la fiscalidad hay que recordar que el incentivo mientras se está aportando puede resultar engañoso: las aportaciones reducen la base imponible en el momento de invertir, pero al rescatar el dinero tributa como rendimiento del trabajo en la base general del IRPF. Esto puede hacer que muchos jubilados paguen tipos elevados al recuperar sus ahorros, sobre todo si lo recuperan de golpe, lo que les puede hacer saltar de tramo en el IRPF.


