El mercado hipotecario ha comenzado a mostrar signos de desaceleración después de casi dos años de crecimiento continuo. En mayo se constituyeron 42.213 hipotecas sobre viviendas, una cifra ligeramente inferior (0,1%) a la del mismo mes del año anterior. Este descenso refleja que comprar una vivienda está siendo cada vez más complicado, no por falta de interés, sino por la dificultad de encontrar inmuebles que se ajusten al presupuesto y a las necesidades de los compradores. Los expertos coinciden en que el principal problema es el desequilibrio entre la oferta y la demanda. Aunque sigue habiendo personas con capacidad para comprar una vivienda, la escasez de inmuebles disponibles y el elevado precio de estos están reduciendo el número de operaciones. Por ello, se espera que tanto las compraventas como la firma de nuevas hipotecas continúen ralentizándose durante los próximos meses.
Además, el coste de la financiación ha aumentado ligeramente. Aunque los tipos de interés siguen situándose por debajo del 3%, mantienen una tendencia al alza, lo que hace que las hipotecas sean algo más caras que hace unos meses. A ello se suma que el importe medio de las hipotecas alcanzó los 174.866 euros, un 9,7% más que el año anterior, lo que refleja el encarecimiento del acceso a la vivienda.
Otra consecuencia del encarecimiento de la vivienda es que quienes finalmente compran necesitan pedir préstamos de mayor importe. Sin embargo, las entidades financieras continúan analizando cuidadosamente la capacidad de pago de cada cliente antes de conceder una hipoteca. Por ello, los especialistas consideran que la situación actual responde al aumento de los precios y a la falta de oferta, más que a la formación de una burbuja inmobiliaria.


