La Unión Europea avanza en el debate para reforzar los poderes de la Autoridad Europea de Mercados y Valores, ESMA, con el objetivo de que parte de la vigilancia de los mercados financieros deje de estar tan fragmentada entre los reguladores nacionales y se coordine más desde una autoridad común europea. Esto podría traducirse en una supervisión más homogénea de ciertos mercados financieros y plataformas de inversión, especialmente las relacionadas con criptoactivos, lo que en teoría debería aumentar la protección del inversor y reducir riesgos derivados de diferencias regulatorias entre países.
Para ADICAE, este paso resulta necesario ante un mercado cada vez más extendido, complejo y transfronterizo, pero debe ir acompañado de una mayor protección para los consumidores, especialmente frente a la publicidad agresiva en RRSS, la especulación y los fraudes.
Para entender la importancia de este paso, es necesario conocer que son las criptomonedas, como funcionan y que riesgos entrañan. Las criptomonedas son activos digitales que se crean, almacenan y transmiten mediante tecnología blockchain o cadena de bloques. A diferencia del dinero tradicional, no suelen estar emitidas ni respaldadas por un banco central o una administración pública. Su valor depende, en gran medida, de la oferta, la demanda y la confianza de quienes las compran y venden.
Para comprar o vender criptomonedas, lo habitual es acudir a plataformas o proveedores de servicios de criptoactivos. Estas entidades permiten abrir una cuenta, ingresar dinero, comprar determinados criptoactivos, venderlos o mantenerlos depositados. Esta complejidad técnica dificulta que muchos consumidores comprendan realmente qué están contratando, qué derechos tienen, quién responde si hay un problema o cómo reclamar si la plataforma opera desde otro país.
Entre los principales riesgos de las criptomonedas se encuentra la volatilidad extrema, ya que su precio puede subir mucho en poco tiempo y desplomarse con la misma rapidez; la ausencia de garantías tradicionales, ya que en general no cuentan con la protección del Fondo de Garantía de Depósitos ni con las garantías habituales de los productos bancarios tradicionales; los fraudes y estafas; la dificultad para reclamar, ya que si la plataforma está en otro país, si no está autorizada o si desaparece, recuperar el dinero puede ser muy complicado; y la publicidad agresiva y mensajes engañosos, y es que muchos consumidores llegan a estos productos no por una decisión informada, sino por impactos publicitarios en redes sociales o por recomendaciones de personas sin cualificación financiera.
En este contexto, la Unión Europea avanza hacia un refuerzo de la supervisión financiera común. El debate abierto en Bruselas plantea otorgar más competencias a ESMA, el supervisor bursátil europeo, especialmente sobre determinados operadores de mercados y proveedores de servicios de criptoactivos con actividad relevante en varios países.
ADICAE considera imprescindible que la regulación de los criptoactivos no se limite a ordenar el mercado, sino que ponga en el centro la protección del consumidor. Por ello, se reclama más control sobre la publicidad, especialmente en redes sociales, información clara y comprensible sobre los riesgos, procedimientos de reclamación eficaces, coordinación entre supervisores europeos y sanciones contundentes frente a plataformas, intermediarios o campañas que induzcan a error a los consumidores.
Además, se recomienda no invertir en criptoactivos sin comprender plenamente su funcionamiento y sus riesgos. Antes de contratar, es fundamental comprobar si la plataforma está autorizada, desconfiar de cualquier promesa de rentabilidad garantizada, no dejarse presionar por ofertas urgentes y evitar invertir dinero necesario para gastos básicos, ahorro familiar o emergencias.
Cualquier consumidor que haya sido víctima de una posible estafa, que no pueda retirar su dinero de una plataforma o que haya contratado criptoactivos tras recibir información engañosa debe conservar toda la documentación, justificantes de pago, capturas de pantalla, correos electrónicos y conversaciones, y buscar asesoramiento cuanto antes.


