Pequeñas suscripciones, grandes gastos: ¿sabes cuánto pagas realmente al año?

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Septiembre puede ser un buen momento para revisar plataformas, aplicaciones y otros pagos recurrentes, eliminar gastos y suscripciones que ya no necesitamos y recuperar el control sobre nuestro dinero.

Para muchas personas, el año empieza en septiembre. Después de las vacaciones, la vuelta a la rutina es un momento para retomar hábitos, ordenar nuestras finanzas y marcarnos nuevos propósitos. También puede ser un buen momento para revisar todo lo que pagamos cada mes y preguntarnos si realmente lo necesitamos o lo utilizamos.

Una plataforma para ver series, otra para escuchar música, almacenamiento en la nube, prensa digital o el gimnasio. Son cantidades que individualmente pueden parecer pequeñas, pero que, cuando acumulamos varias suscripciones, pueden convertirse en un gasto fijo considerable.

El problema no está en contratar una suscripción que utilizamos y nos resulta útil. El problema aparece cuando dejamos de decidir conscientemente sobre ese gasto y seguimos pagándolo mes tras mes, muchas veces sin que seamos plenamente conscientes de ello.

Precios promocionales, meses gratuitos, renovaciones automáticas o servicios que contratamos una vez y después olvidamos forman parte de un modelo de consumo cada vez más habitual. Por eso, septiembre puede ser también el mes de hacer limpieza de suscripciones y preguntarnos: ¿cuántas tenemos realmente y cuántas utilizamos?

Pequeños pagos que se convierten en grandes gastos

Uno de los principales atractivos de las pequeñas suscripciones es su reducido precio mensual.

Es mucho más fácil aceptar un gasto de 5, 8 o 10 euros al mes que pensar que ese mismo servicio supone 60, 96 o 120 euros al año. Además, si tenemos varias suscripciones de este tipo, la cantidad total puede ser mucho mayor de lo que imaginábamos.

Por otro lado, existe una diferencia fundamental con las compras tradicionales. Cuando compramos un producto tomamos una decisión concreta: pagar una determinada cantidad en ese momento. Con una suscripción, una vez contratado el servicio, el pago continúa automáticamente hasta que decidimos cancelarlo. Es decir, dejamos de tomar una nueva decisión de compra cada mes.

Por ello, antes de valorar una suscripción no deberíamos preguntarnos únicamente si podemos pagar cierta pequeña cantidad al mes. También debemos calcular cuánto supone durante todo el año y, sobre todo, preguntarnos si ese gasto sigue teniendo sentido.

¿Cuántas suscripciones tienes y cuántas utilizas?

Es posible que podamos enumerar rápidamente dos o tres plataformas que utilizamos habitualmente. Sin embargo, igual no recordamos alguna aplicación contratada hace meses, un servicio de almacenamiento, una promoción que terminó o una suscripción anual cuyo próximo cobro llegará dentro de unas semanas o unos meses sin previo aviso.

Desde ADICAE proponemos realizar una pequeña auditoría de nuestros gastos. Es tan sencillo como revisar los movimientos de nuestra cuenta bancaria y de nuestras tarjetas de los últimos tres meses y localizar aquellos cargos que se repiten. Una vez identificados, podemos hacernos cuatro preguntas: ¿cuánto cuesta cada servicio?, ¿cuándo fue la última vez que lo utilicé?, ¿qué me aporta este servicio?, ¿seguiría contratándolo hoy por ese mismo precio?

El consumo responsable no implica dejar de consumir. Significa decidir dónde queremos gastar nuestro dinero y hacerlo de manera consciente.

La prueba es gratis, pero ¿qué ocurre después?

Las promociones y pruebas gratuitas son una fórmula habitual para animarnos a probar nuevos servicios. El problema aparece cuando olvidamos que al terminar el periodo promocional comienza automáticamente el cobro.

Antes de activar una prueba gratuita es recomendable comprobar qué día empezará a cobrarse, cuál será el precio definitivo, con qué periodicidad se realizará el cobro y cómo puede cancelarse.

Es habitual pensar que ya nos acordaremos de cancelar la suscripción y al tiempo descubrir que hemos seguido pagando. Una solución sencilla para esto es crear un recordatorio en nuestro calendario unos días antes de que finalice el periodo gratuito. Así podremos decidir con tiempo si queremos seguir utilizando el servicio o darnos de baja.

Renovaciones automáticas: que la fecha no te pille por sorpresa

Las suscripciones anuales son probablemente las más fáciles de olvidar porque no aparecen todos los meses en nuestra cuenta. Un servicio de 60, 80 o 100 euros anuales puede permanecer prácticamente invisible durante meses hasta que de repente aparece un nuevo cargo.  

Por ello, es recomendable anotar las fechas de renovación de nuestras suscripciones y programar un aviso para unos días antes. Así podremos decir si queremos seguir utilizando ese servicio durante otro año, por lo que la renovación deja de ser automática desde nuestro punto de vista y vuelve a convertirse en una decisión consciente.

Del pago automático al pago consciente

Conocer nuestros hábitos de consumo y comprender cómo las pequeñas decisiones afectan a nuestra economía es fundamental.

No todos los pequeños gastos son innecesarios. Una plataforma que utilizamos todas las semanas, una aplicación que nos resulta útil o un servicio que compartimos en familia pueden ofrecernos un valor adecuado por el precio que pagamos.

Por tanto, el objetivo no es cancelar todas nuestras suscripciones, sino evitar pagar servicios que ya no utilizamos. De esta manera, podemos distinguir entre dos tipos de suscripciones: las suscripciones conscientes, que son aquellas que conocemos, utilizamos y decidimos mantener, y las suscripciones olvidadas, que se nos siguen cobrando porque no nos hemos parado a revisarlas o mes tras mes se nos olvida cancelar.

El reto ADICAE para septiembre: revisa tus suscripciones

La vuelta a la rutina puede ser un buen momento para realizar una pequeña limpieza financiera.

Desde ADICAE proponemos un reto sencillo: revisar nuestras cuentas y localizar todos los pagos recurrentes. Después, podemos identificar aquellos servicios que no hemos utilizado durante los últimos 30 o 60 días y valorar si queremos seguir manteniéndolos.

No se trata necesariamente de cancelar inmediatamente todo lo que utilizamos poco. También podemos comparar alternativas, cambiar a un plan más económico o pausar temporalmente una suscripción. Lo importante es que la decisión de seguir pagando sea nuestra.  

El ahorro no siempre empieza renunciando a grandes compras. A veces empieza localizando esos pequeños pagos que salen de nuestra cuenta cada mes sin que reparemos en ellos y que, sumados a lo largo del año, pueden terminar teniendo un impacto considerable en nuestro presupuesto.

Revisar nuestras suscripciones es un ejercicio sencillo que nos ayuda a conocer mejor nuestros gastos, establecer prioridades y, sobre todo, recuperar el control sobre nuestro dinero.

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