El elevado encarecimiento de los carburantes está modificando los hábitos de repostaje de los conductores españoles, que acuden con mayor frecuencia a las gasolineras y priorizan las estaciones de servicio de bajo coste. Según un estudio reciente de IO investigación sobre hábitos de consumo de combustible, el precio se ha consolidado como el principal criterio de elección para el 72% de los usuarios, mientras que siete de cada diez cambiarían de gasolinera por un ahorro de hasta diez céntimos por litro.
La presión sobre los bolsillos coincide con una rápida escalada de los precios. Desde finales de junio, la gasolina 95 ha aumentado 17 céntimos por litro, hasta una media de 1,63 euros, mientras que el diésel y la gasolina 98 también han registrado incrementos cercanos al 10%. Llenar un depósito de 55 litros cuesta ya entre 8 y 10 euros más que hace apenas tres semanas, con diferencias significativas entre provincias y precios especialmente elevados en territorios como Baleares.
Esta situación, agravada por la tensión geopolítica en Oriente Próximo y el aumento del precio del petróleo, ha impulsado un repostaje más planificado, concentrado principalmente en zonas urbanas, alrededores de ciudades y, cada vez más, en polígonos industriales; por el contrario, cada vez pierde más peso el repostaje en carretera. Además, el posible recorte de las ayudas públicas al combustible a partir de agosto podría añadir hasta diez céntimos más por litro si la bonificación se reduce a la mitad.
El aumento de los precios también se ha reflejado en la facturación de las estaciones de servicio, que creció un 15% durante el primer semestre del año respecto al mismo periodo de 2025, aunque el incremento de los costes de aprovisionamiento limita el impacto sobre sus beneficios. Mientras tanto, el GLP se mantiene como la alternativa menos afectada por la subida de los combustibles tradicionales, aunque su uso continúa siendo minoritario.


